Tres emprendedores que generaron proyectos propios con el legado familiar

Mariana Vaisman se resistió a continuar los pasos de sus antepasados hasta el momento en que el negocio de tafiletería de su abuelo cerró y decidió darle una nueva vida, diferente, a la marca familiar. Leonardo Mancuso aprendió valores en la factoría de calzado de su padre y desde ahí edificó una firma con sus intereses. Yanina Andreoli es parte de la planta de sus progenitores, que genera unas partes de calzado industrial, y paralelamente desarrolló su proyecto de calzado artesanal. 3 experiencias de vida en las que la historia se reelaboró.

REABRIR EL NEGOCIO FAMILIAR DESDE CERO

Si a los dieciocho años le hubiesen sugerido que, 3 décadas después proseguiría los pasos de su familia, habría pensado que era una gracieta. Nieta de un abuelo que empezó encuadernando libros en cuero para tener acceso a lecturas que su condición social no le dejaba, y que entonces consiguió fundar su negocio de venta de carteras -Welcome, en mil novecientos treinta-; hija de un padre que heredó un comercio y lo convirtió en una marca de producción propia que incorporó asimismo calzado, Mariana Vaisman escogió otro camino.

Fue productora de T.V. y después, así como el pulso de su maternidad, emprendió un proyecto de fabricación de ropa para pequeños, que a lo largo de diez años comercializó al lado de juguetes y deco infantil en su local de Belgrano: Despensa para chicos. Mientras, su mamá -Carla “Pitzi” Swass- y su papá -Arnoldo Vaisman- llevaban adelante un negocio que medraba a fuerza de contar con los mejores cueros de la Argentina, un diseño signado por el buen gusto y una localización comercial estratégica en Retiro, cerca del turismo. Mas asimismo, superando cada crisis del ámbito. La última, en dos mil doce, resultó terminante. Su padre decidió retirarse. Y lo hizo agradecido. Sobre todo, por el hecho de que bastó anunciar el cierre de Welcome a fin de que se formaran en la calle largas filas de compradores de siempre que se llevaron hasta el último producto. Pasaron un par de años, el local vacío no se arrendaba. Mariana, aún conmovida por la reacción de los fieles clientes del servicio, volvió a oír esa pregunta sobre continuar los pasos de la familia. Ahora tenía la ocasión de contar con el respaldo de sus antepasados, mas para iniciar de cero. Y de esta forma lo hizo. Reabrió el comercio con gráfica renovada, preservó modelos simbólicos y desarrolló nuevos, volvió a contactar a los distribuidores de su padre y prosiguió los pasos, esta vez, por un camino propio. “Me produjo mucho agobio sujetar el negocio de mi abuelo y de mi papá. Mas ahora es una alegría”, cuenta Mariana.”El fragancia a cuero es mi vida, mi niñez, mi todo. Fue muy ido pues, de manera intuitiva, sabía. Claro que aprendí un montón en la marcha y mi papá me coacheó grosso -y lo prosigue haciendo, singularmente con la tafiletería de hombre más pesada-, mas de entrada fue sentir que había estado ahí desde siempre y en todo momento, que tenía contestaciones a preguntas que jamás me había hecho. Es que medré escuchando a mis progenitores comentar tecnicismos de las carteras de cuero y no sé dónde estaba todo eso, mas estaba”. Y se ríe al reconocer que supo sospechar de su padre cuando miraba una cartera y afirmaba que ese cuero era de semejante o bien como distribuidor. “Pensaba que canchereaba y ahora puedo hacerlo. No puedo ni explicar de qué forma. De igual manera que huelo un material y ya reconozco la calidad”.

Innovación + tradición

Hay continuidades y transformaciones en la renovada Welcome. “La primera cosa que cambié fueron las vidrieras y mi papá se volvió desquiciado. Él venía de la escuela de enormes exhibidores a la calle donde enseñar la mayor cantidad de producto posible, millones de cosas bajo la idea de que ´si no lo ven, no te lo van a comprar´. Yo achiqué las vidrieras, les puse un largometraje de marco negro a los grandes ventanales. Escogí pocos productos para resaltar, armé diferentes criterios de combinaciones y las cambio todas y cada una de las semanas. Heredé el vidrierista de mi papá, que es un genio, y el trabajo que hacemos juntos es absolutamente diferente al que venía haciendo y nos comprendemos perfecto. Pasa por otro estilo de trabajo”.

Entre los importantes cambios de los últimos tiempos, Mariana mienta desde la moda hasta la industria, para detenerse la relación con los clientes del servicio y la modalidad de compra: “Ya antes, un local era un despacho de productos. El día de hoy la experiencia es de otra naturaleza. De ahí que puse en el local un sofá, armé espacios para probarse zapatos que ya antes no estaban y diseñé un sitio que invita a quedarse un rato. Por otra parte, trabajamos fuerte la comunicación con nuestros clientes del servicio, directa y mediante redes sociales”.Crecieron en el seno de familias que se desarrollaron laboralmente en el rubro de las carteras y los zapatos; ellos armaron su camino individual con la herencia recibida y la impronta de la personalidad de cada uno

En lo que se refiere a los productos, asimismo hubo innovaciones y tradiciones que abrigar. “Mantengo a todo trance el sello de la marca, que es trabajar únicamente materiales de primerísima calidad. Enfrentamos ciertos modelos desde perspectivas nuevas, como la concepción genderless en los morrales. Conservo muchas clientas de siempre y en todo momento, por el hecho de que la gente evoluciona y por el hecho de que la identidad de Welcome continúa. Hice cambios, mas existen algunos tradicionales que no los voy a interrumpir. Asimismo se trata de proteger un tanto la historia”.

DESPEGAR A PARTIR DE LOS INTERESES PERSONALES

SSu familia elabora calzado desde siempre y en todo momento. Juan Mancuso hizo carrera en Boticelli y, hace veinticinco años, al lado de su hijo Leonardo -quien por entonces tenía dieciocho-, empezó a fabricar zapatos de hombre en Trebbia SRL., planta que todavía el día de hoy conserva.

En dos mil nueve, Leonardo se independizó para fundar su marca, En el centro. “Mi padre me impulsó a despegar del negocio familiar para plasmar mis intereses y producir productos desde una idea propia, donde pudiesen interaccionar arte, moda, diseño, viajes, amigos, experiencias. Comencé haciendo compilaciones exclusivas de zapatos y accesorios de cuero”.

La identidad de la firma se apoyó, aparte de en los productos, en un estilo de consumo. En el sótano de la tienda de Palermo había una galería de arte moderno con exhibición de obras de artistas jóvenes.

En el mes de agosto del dos mil quince cerró el local. La marca quedó en stand by hasta el momento. Asociado con quien era social media mánager de la tienda, Timoteo Rojas, Leo relanzará En el centro el veintisiete de mayo con una nueva apuesta. “Prosigo con los zapatos, mas la novedad está en los productos funcionales para trasladar diferentes objetos -cuenta-. La idea brotó en la necesidad de solucionar de qué forma llevar materiales a los talleres de dibujo que voy. El tamaño de las hojas y blocks, los lapiceros, pinceles y acuarelas no se amoldan a los bolsos y las cartucheras libres no acostumbran a venir en materiales de calidad”. Un tote que se hizo para él mismo sirvió de modelo para los desarrollos que prosiguieron y que se comercializan tanto on line como en librerías especializadas.

La herencia familiar aportó una pieza fundacional al proyecto que emprende a los cuarenta y tres años: lo que ocurre cotidianamente de la factoría fue la fuente de inspiración. “Ahí, cada obrero se las arregla para facilitar su trabajo y cuidar sus herramientas, hace sus fundas para las cuchillas, martillos, piedras para afilar, protectores, parches para los delantales. Todo se efectúa en cuero, que es lo que está al alcance de las manos”. Mas, además de esto, la experiencia al lado de su familia trajo otro legado: “En los veinticinco años que estuve en la factoría, aprendí a hacer productos de calidad, mas, en especial, aprendí a darles relevancia a los vínculos: a trabajar en equipo, a seleccionar trabajar con buenas personas, desde los asociados hasta los empleados, clientes del servicio y distribuidores. Las relaciones humanas son todo”, concluye Mancuso.