La verdad sobre el cigarrillo electrónico: el 92% de los vapeadores ha dejado de fumar

El tabaco mata a 700.000 personas todos los años solo en la UE. A nivel global, a siete millones. Es una genuina epidemia y la primordial causa de muerte evitable, asimismo en España. Conforme los datos más recientes del Eurobarómetro, el veintiocho por ciento de los españoles son fumadores, dos puntos sobre la media europea. En la lucha contra el tabaquismo, una de las más importantes que debemos librar, seguimos perdiendo.

La tecnología puede ser nuestra mejor aliada. Los vaporizadores personales, más conocidos como cigarrillos electrónicos, han ayudado a millones de personas a parar de fumar. Como herramienta de salud pública, la eficacia del vapeo está sobradamente probada.

Más de 10.200.000 personas emplean el cigarrillo electrónico en la Unión Europea (el dos por cien de la población), unas 460.000 en España (el 1 por ciento ), en base a los datos del Eurobarómetro. No obstante, el desconocimiento y el empeño de algunos en contradecir la evidencia a nivel científico impiden que los vaporizadores personales lleguen a buena parte de los fumadores, que podrían servirse de este procedimiento para dejar el tabaco y salvar, literalmente, sus vidas.

Con la ayuda de científicos, especialistas y usuarios, trataremos de corregir ciertas percepciones falsas que se han instalado en la sociedad sobre el vapeo.

MITO 1.- ES OTRA FORMA DE FUMAR

Se cuentan por decenas los artículos y documentales en prensa, radio o televisión que han definido el empleo del cigarrillo electronico argentina como “una nueva forma de fumar” (el ejemplo más reciente, de la semana pasada). No es cierto. Al encender un pitillo con el encendedor, se produce una combustión que no tiene lugar en los vaporizadores personales.

“Esa combustión provoca de 4.000 a 7.000 substancias tóxicas, de las cuales probablemente más de 100 carcinogénicas”, especifica Carmen Escrig, doctora en Biología Celular y Genética por la Universidad Autónoma de la capital española y coordinadora internacional de MOVE, una iniciativa en favor del vapeo respaldada por científicos de todo el mundo. “En contraposición, con el cigarrillo vaporizador lo que introduces en tu cuerpo es vapor de una sustancia que se compone de otras cuatro: propilenglicol, glicerol [o glicerina, de origen vegetal], aromas alimentarios y nicotina en el grado demandado por el consumidor”, que puede ser cero.

Usuario con un cigarrillo electrónico de iniciación

MITO dos.- ES IGUAL DE MALO QUE EL TABACO

El Ministerio de Sanidad británico y el Real Instituto de Médicos del R. Unido han sido definitivos al respecto. Tras examinar una década de estudios científicos sobre el cigarrillo electrónico, han determinado que vapear es un 95 por ciento menos perjudicial que fumar. Dicho de otra forma: el daño que pueden hacer los vaporizadores personales es, como mucho, el 5 por cien del que hace el tabaco con sus decenas de sustancias cancerígenas.

Además de los estudios científicos, lo acredita la experiencia de los propios usuarios. Juan Ibáñez, argumentista del programa de T.V. ‘El Hormiguero’ y uno de los rostros más reconocibles del vapeo, puede comprobarlo. “Llevo 4 años vapeando y lo noto en el deporte, en el momento de respirar, de levantarte por la mañana… Te puedo charlar hasta de la resaca. Mil cosas que mejoran”, ha explicado en el podcast de Hoja de Enrutador.

MITO 3.- LA NICOTINA ES UN VENENO

La mayor parte de los que recurren al cigarrillo electrónico para parar de fumar emplean líquidos con nicotina. Cada usuario elige la concentración que considera conveniente, y es usual que la vaya reduciendo conforme pasa el tiempo y reduce su grado de adicción. Muchos son los que terminan vapeando sin ella, lo que facilita enormemente abandonar de forma gradual no solo el cigarrillo usual, sino más bien asimismo el electrónico.

En todo caso, una gran parte del temor que se tiene a la nicotina es infundado. “Hay bastante gente que piensa que la nicotina es un veneno supertóxico, que solo con tocarlo te mata, y eso es completamente falso”, explica Escrig. “Los estudios sobre toxicidad de la nicotina en los que nos fundamentábamos eran del siglo XIX, y la peligrosidad de la nicotina estaba exageradamente sobrevalorada”.

El doctor Bernd Mayer demostró en 2014 que la dosis de nicotina necesaria para matar a un ser humano es mucho más alta de lo que establecen las autoridades sanitarias (diez o bien doce veces mayor). En su estudio mienta el caso de una mujer adulta que trata de quitarse la vida ingiriendo grandes cantidades de líquido para cigarro electrónico, con una muy alta concentración de nicotina, y no lo consigue.

“Jamás, en ninguna circunstancia, un ‘vaper’ podría llegar a tener un problema arduo por intoxicarse con nicotina”, sentencia Escrig. “Antes de llegar siquiera a tener unos efectos tan graves, el ‘vaper’ lo notaría. Notaría una aceleración de su ritmo cardiaco, apreciaría un dolor de cabeza… Jamás llegaría a más”.