En Punta del Este, los argentinos prefieren hacer la fiesta en casa

Cuatro días antes de Navidad, Stefano Brancato, de veintinueve años, aterrizó en Punta del Este desde Toronto, Canadá, adonde vive desde el momento en que tiene diez, y se instaló solo en una impactante mansión de estilo colonial con repercusión mudéjar llamada Sahara. Si bien viajó para pasar sus vacaciones, había trabajo por hacer: preparar la casa, propiedad de su familia, para la llegada de veinticinco personas, entre hermanos, primos y amigos, y iniciar con la organización de la enorme fiesta de Año Nuevo que entre todos decidieron montar allá, en la amedrentad de su hogar vacacional. La razón primordial para interrumpir el reposo con una enorme celebración en su jardín es exactamente la misma que muchos esgrimieron este verano para imponer la tendencia de la celebración privada: “¿Para qué salir a buscar la movida afuera si mis amigos vienen a casa?”. Se afianzaron así las fiestas “de amigos para amigos”.

Organizar una fiesta de esta magnitud cuesta aproximadamente 20.000 dólares: el 40% se destina al alquiler de barra de tragos para eventos, bebidas y equipos de música; luego, hay gastos impostergables.
Si en veranos anteriores la juventud prendía todos y cada uno de los radares para identificar cuál era la fiesta más convocante, hacía lo imposible por conseguir el precinto que le diese acceso a alguno de los megaeventos auspiciados por una firma o bien que fuera la convidación exclusiva de algún acaudalado empresario en una chacra reservada, muchos turistas esteños este año prefirieron distanciarse de la pose, demostrar menos y disfrutar más. “Creo que este año la tendencia es estar relajados en un entorno menos contracturado, decidiendo qué música poner, cómo ambientar el lugar, que sus amigos se sientan cómodos en un contexto en el que lo que sucede es lo que desea el grupo y no está impuesto por una marca ni por un mercado puntual que afirma que se ha de poner tal o bien cual música. Eso me parece que hace que la gente busque este formato para divertirse”, explica el relacionista público Gaby Prada, quien estuvo detrás y colaboró con la organización de muchas de estas fiestas privadas, sobre todo en la zona de Manantiales y La Barra. “Me parece que hay una tendencia a no desesperarse por ir a los acontecimientos. Ni a las discos. El hábito de la gente de divertirse creo que está cambiando. Lo veo en mi casa, que viene gente todo el tiempo a comer un asado, a hacer preboliche, mas después se quedan aquí, entre amigos, nadie sale por el hecho de que no hace falta buscar la fiesta en otro lado”, agrega.

Todos y cada uno de los integrantes de la casa Sahara colaboraron para su gran celebración de A?o NuevoTodos los miembros de la casa Sahara colaboraron para su gran celebración de A?o Nuevo

Para los chicos de Sahara se dio naturalmente. Entrar a su casa es comprender sus motivos. Es la hora de comer, un mesón largo requiere dos mesitas más acopladas para contener treinta comensales. Un grupo se ocupa de servir la comida, otro reparte platos y un puñado de muchachos, apartados y con cara de preocupación, debaten si arrendar o bien no una carpa a fin de que el pronóstico de lluvia, si se cumple, no les arruine la noche. “Siempre y en toda circunstancia fuimos los encargados de organizar las anteriores y las fiestas en esta casa. Desde muy chicos. Nos llevamos bien y nos comprendemos planeando estas cosas”, dice Gonzalo Mendoza, primo de Stefano, que despunta el vicio de organizador de eventos con su propia productora en la ciudad de Buenos Aires, Brinner Haus, y es una de las cabezas de la planificación de la celebración de Año Nuevo que se efectuó por primera vez en Sahara para recibir el dos mil diecisiete y que convocó cuatrocientos personas para este 2018. Mendoza reconoce que lo más difícil es contar con la logística precisa para percibir a tanta gente en una casa, mas Punta del Este, destino que es considerado la Ibiza de América Latina por su vida nocturna, tiene todos los proveedores al alcance de la mano.

Organizar una celebración de esta magnitud cuesta aproximadamente veinte dólares: el 40 por ciento se destina a las bebidas y al alquiler de equipos de música; luego, hay gastos impostergables como seguridad privada, que en la noche de Año Nuevo cuesta 160 dólares por cada empleado, y para estar tranquilos contratan al menos 5 personas, una de las cuales debe organizar el tránsito para eludir conflictos y que estacionar no sea misión imposible. “Somos muchos y todos colaboramos para supervisar que esté todo bien. La seguridad privada era fundamental. El año pasado hubo gente que se quiso colar por atrás. Ahora advertimos la relevancia de que se controle todo el perímetro de la casa y que alguien organice el estacionamiento, cosas que parecen menores pero pueden convertir la fiesta en un caos”, explica Brancato. Otros gastos se destinan a contratar tres personas para la barra, una ambulancia, baños químicos y un seguro. Un gusto que suelen darse es comprar precintos ploteados con el nombre de la celebración y vasos y viseras con el logotipo, a fin de que se vea en todas y cada una de las fotos que se difundan en las redes sociales. Los dueños de casa están atentos a todo, ayudan en la barra, en el ingreso y se ocupan de que todo el planeta la pase lo mejor posible. “Somos 25 personas viviendo en Sahara estos días, veinticinco pares de ojos para prestar atención y garantizar que no haya problemas”, agrega Mendoza. Para solventar semejante despliegue, todos deben aportar: los dueños de casa y los convidados, en menor medida. También tienen en cuenta gastos para cubrir daños posibles en la casa, e incluso, del monto que juntaron el año pasado entre todos, reservaron un porcentaje para hacer ciertas refacciones en la mansión que fuesen funcionales al acontecimiento.